Ayuda psicológica y crecimiento personal

jueves, 19 de febrero de 2015

M E D I T A C I ÓN     Y     A L G O     MÁS


         En la historia de la psiquiatría, después de muchas idas y venidas entre el cerebro (símbolo de lo objetivo) y la mente (símbolo de lo subjetivo) se está volviendo a profundizar en el sentido original de la palabra psyque.  Psyque, etimológicamente, significa alma.

         En la psicoterapia occidental se está incorporando una práctica que proviene de tradiciones orientales milenarias y que se basa en entrenar la atención plena  (mindfulness).

         Mindfulness (anglicismo que se ha incorporado ya al lenguaje psicológico habitual) hace referencia a lo más elevado del cerebro humano: la mente que se observa a sí misma.  Es la capacidad de estar consciente y presente en un momento particular, momento que integra la totalidad del ser.  Esta cualidad la puede desarrollar cualquier ser humano, pero si no se practica no se puede conocer.

         La meditación, que es el origen del mindfulness, legitima la propia experiencia como fuente de conocimiento.  No es una relajación, esto sería una consecuencia final en todo caso; no es una huída de la realidad ni un refugio para los problemas, es una práctica para cultivar la conciencia.  Permite observar el proceso mental sin involucrarse en su contenido, pues, la mayoría de las veces, las causas profundas de nuestro sufrimiento tienen que ver con la confusión o con la narración que nos hacemos de lo que ocurre.

         Meditar es simplificar.  Es atender, sentir, observar y aceptar.  El pasado y el futuro son productos mentales.  Agarrarse al pasado es típico del ánimo depresivo y preocuparse por el futuro es la característica de la ansiedad.  El reto es aprender a estar en el presente sin juicios ni condenas, siempre con amabilidad.

         El mindfulness se encuentra en todas las religiones del mundo y nadie puede considerarse un experto, como nadie lo es en ninguna actividad espiritual, puesto que una vez que alguien se hace experto en algo, deja de aprender y de explorar y su vigilancia se marchita.

         El budismo es el origen de la práctica de la atención plena y data de seiscientos años antes de Cristo, aunque en realidad, todos los místicos cultivan el silencio y el aspecto consciente de la atención, pero en ellos, hay un paso más allá.  Hay un desprendimiento y una entrega total a una voluntad mayor que uno mismo, el yo no manda, y en su debilidad, se deja encontrar por algo que le sobrepasa.  En la contemplación hay una comunión con lo sagrado para abrirse a una realidad trascendente.  No siempre se puede poner en palabras lo que, humanamente, parece imposible, pero lo que está claro es que estas vivencias producen una alegría y una plenitud indescriptibles.

         Al escéptico moderno le resultará imposible concebir estas actividades, pero de eso se trata, no de creer, sino de experimentar.  Sólo una práctica constante y entregada enseña a descubrir estas capacidades de la mente y del corazón.

         Todavía queda mucho que trabajar para que la gran riqueza de la espiritualidad occidental se incorpore a nuestro modo de pensar actual.  Sin los símbolos colectivos estamos solos para luchar con las fuerzas interiores y si nuestras sombras no están canalizadas por la comunidad se corre el riesgo de perder identidad y significado, y, a la larga, enfermar.  No olvidemos que un ser humano siempre es un cuerpo y una historia.

         El camino contemplativo es una escuela para aprender a descubrir lo divino en nosotros y vivir a partir de ello.  La confianza es radical.  No es del meditador de quien proviene el resultado, el silencio de la mente se abre al Gran Silencio que es Amor.  Entonces se vislumbra, sólo se vislumbra, que la riqueza humana se encuentra en un nivel de conciencia que cambia la comprensión del mundo.



                                                                                    Mercedes Nasarre Ramón.

                                                                                                   Psiquiatra.


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